Esta semana comienza la 63 edición de la Comisión Ballenera Internacional, una gran reunión internacional donde se juntan 89 países para tomar decisiones sobre el futuro de las grandes ballenas y del resto de cetáceos de los océanos del mundo.
Mucho se ha escrito sobre esta Comisión, sobre sus ventajas e inconvenientes, sobre si sirve para algo o no, más allá de la fundamental moratoria de cazar grandes ballenas que se estableció en 1982 y que en general -salvo las excepciones de Japón, Islandia y Noruega- es respetada en todo el mundo y ha servido para frenar la desaparición de estos gigantes de los mares.
Sin embargo esta moratoria no es suficiente, ya que muchas especies de cetáceos siguen amenazadas, y en algunos casos la situación es crítica. Es el caso por ejemplo de la ballena gris del pacífico occidental de la que quedan menos de 130 ejemplares o de la vaquita marina de la que apenas sobreviven unos 245 individuos. Ahora las amenazas son mucho más complejas ya que los cetáceos se enfrentan a gran cantidad de problemas, ya que caen accidentalmente en redes de pesca o chocan con embarcaciones, ven su hábitat alterado por explotaciones petrolíferas, la contaminación química o por el terrible ruido que afecta a sus sofisticados y a la vez delicados sistemas de sonar y para colmo ven como el cambio climático está afectando a las condiciones ecológicas de los lugares donde crían y se alimentan. Por esta razón necesitamos que esta convención internacional asuma un fuerte liderazgo y que tome decisiones para mejorar su funcionamiento interno, pero sobre todo que aborde todos los problemas que afectan a todos los cetáceos, y no sólo a las grandes ballenas. A tal fin nuestra delegación en Jersey trabajará duro, junto con las demás ONG presentes para alcanzar estos objetivos.
Uno de estos grandes problemas que hay que abordar son las colisiones con las embarcaciones para los que se ha creado incluso un grupo de trabajo para impulsar la puesta en marcha de medidas para reducir estos impactos. Justamente ese es también el objetivo del proyecto Conservación del cachalote en Canarias, que la SECAC y WWF están desarrollando con el apoyo de la Obra Social de CajaMadrid. Proponer alternativas reducir esta amenaza para una de las especies más amenazadas, el cachalote, que tiene en aguas Canaria una importante población, es justamente uno de los objetivos de este proyecto, para lo que esperamos contar con el apoyo de todos los sectores, desde la administración a las compañías navieras, porque sólo entre todos podremos resolverlo.
