No se llega a la calle de un día para otro. Una de las experiencias más enriquecedores del voluntariado con personas sin hogar es comprobar que la persona con la que compartimos un café, hace no mucho tiempo, era como cualquiera de nosotros, con ilusiones, expectativas, amigos, familia… Llegar a la calle es un proceso largo, y eso debería darnos la oportunidad de detectarlo, de poner soluciones a tiempo. Cuando una persona lleva pocos tiempo en la calle es fácil ayudarle a salir y que se recupere, pero pasan los meses y los años y nos encontramos con que ya muchos procesos son irreversibles. Ver a las personas sin hogar como parte del moviliario urbano, hace que perdamos la oportunidad de ayudarles a reintegrarse en la sociedad.