Desde el comienzo de nuestro trabajo en Guatemala, REMAR ha atendido a miles de niños abandonados en las calles. En los primeros años los basureros y la terminal de autobuses, eran nuestro lugar habitual de trabajo en donde miles de niños, rebuscaban en las basuras sus alimentos y hacían de la delincuencia su modo de vida. En los últimos años los jueces y organismos de la niñez de Guatemala, llenan nuestros centros con los niños abandonados, maltratados, abusados o en situaciones de alto riesgo social.

El desarrollo de las maras, ha ido en aumento, en todo Centroamérica, pues miles de personas viven en las calles, y como consecuencia, la vida familiar se descompone,generando formas de supervivencia deformes y corrompidas. Las maras aparecen como un sustituto de la familia, en ellas, los jóvenes, al principio, encuentran la protección, el afecto, el compañerismo, el valor, que la familia debería aportarles. Tuve la oportunidad de entrevistar en nuestros viajes a los centros de REMAR, a jóvenes sacados de esas bandas callejeras y entendí algo de lo que significa esa forma de vida. Una de las condiciones para formar parte de estos grupos callejeros es el asesinato, la violencia, el robo, las violaciones y las practicas de ritos satanistas. Muchos jóvenes que han acudido a REMAR para salir de ese mundo oscuro, tienen que esconderse y cambiar su aspecto, porque si la mara que abandonan, les descubre, son asesinados. Viven en constante peligro de las maras enemigas y de la propia, con la que hicieron un pacto de sangre, para toda la vida. Sus tatuajes, les denuncian por todo el mundo.

Estos jóvenes también han recibido en Remar una oportunidad para cambiar de vida, una familia en la que vivir con dignidad y rehabilitarse trabajando por un mundo más justo.