Ahora que todo se vuelve del color del sol en los alrededores de la mina San José, en Copiapó, Chile, donde la tierra culmina el feliz alumbramiento de los treinta y tres mineros sepultados, a mí, sensiblero, a miles de kilómetros de distancia, se me agolpan en la cabeza un montón de dulzonas e inservibles metáforas sobre la luz y la vida.

Como el poeta chileno, confieso hoy que también he vivido, que pude vivir contra todo pronóstico, contra todo diagnóstico. Que viviré mi vida llena de expectativas, también de incertidumbre. Para ello, para vivir, necesitaré siempre el apoyo de los míos: necesitaré de Javi, que no encuentra trabajo; necesitaré de mi hermana Cristina, de su precoz belleza madura; necesitaré del incondicional apoyo, tan cauto, de mi madre; de la emoción escondida de mi padre. Necesitaré también del amor que siento por Rosa, amor que circula dentro de mí dándome el mejor regalo: el tiempo en que vivo. Necesitaré arrojo para confrontar las miradas del prejuicio, que vendrán, similares a la de Contento. Necesitaré mantener el sentido para mi vida.

Necesitaré también del apoyo de usted, improbable lector,  para que se mantenga a salvo de los mensajes banales sobre mi enfermedad. Necesitaré que emprenda el mayor viaje que ha de realizar un ser humano: el viaje al otro, a los otros. Ese viaje de la empatía tiene su primera parada en el interior de uno mismo, y allí, a solas, quizá usted alcance la cordillera de sus más altos pensamientos, el ritmo calmo de sus latidos más dulces. Y después de ese trayecto interior y peregrino, atrévase a visitar el territorio escondido de las personas con esquizofrenia; no por descifrarlos o ser intruso, sino por acceder a ellos de una cierta y nueva y distinta manera.

Nos vemos por ahí.

Notas:

-Sobre Pablo Neruda; http://amediavoz.com/neruda.htm