Parkinson, Parkinson, no recuerdo la primera vez que lo escuché. Ahora convivo con él, ahora lo conozco de muchas formas. Variedad de formas. Cuantas veces he hablado de él, cuantas veces lo he escuchado, cuantas veces lo he sufrido. Egoístamente me da muchas cosas, me enseña. Lo detesto o lo quiero, relación amor-odio. Quien dijo que lo cotidiano mata a la pasión. Crónico.

   300 palabras, en 300 pulsaciones. 300 desplazamientos. Movimiento.

    Parkinson. Es el punto de mi diana, de la diana de muchos. La flecha certera, la lucha de todos mis compañeros. Hay algo más democrático que una enfermedad, hay algo más democrático que el Parkinson, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Democracia como forma de organización de grupos de personas, asociaciones. Formar grupos de personas, cuyo destino es el mismo. Nueves letras inamovibles te forman. Rigidez.

   Parkinson. Me acuerdo de la primera vez que fui a la asociación, nunca pensé que formaría una parte tan importante en mi vida. Nunca pensé que la asociación formaría parte de la vida de muchas personas, enfermos y cuidadores. Tantas manos en movimiento. Cosas de la vida, solo un día para recordarte, solo un día en el calendario, anecdótico, cuantos 11 de abril hay en el año, 365. Cuanto queda por hacer. Hipofonía.

   Parkinson .La enfermedad. Tú lucha diaria. Imagínate la de los enfermos. Cada momento una victoria, para ganar la batalla diaria. Muchas se ganan, algunas se pierden y nosotros estamos para proteger los flancos. Hay que ser listos, prever la estrategia. No hay heroes, eso queda para la mitología, carne y hueso ante la realidad de las cosas. Firmamento que roza el suelo. No hay derrota en el corazón del que lucha. Hay  personas que luchan toda una vida, y como diría Bertolt Brecht, ésos son “imprescindibles”. Yo de mayor quiero ser imprescindible. Esta enfermedad forja a muchos imprescindibles. Yo conozco a más de uno. Inestabilidad.

   Tiempo de Plank, detente un momento, reflexiona, párate a pensar. Salgo más seguro. Asociación.

MANUEL BARBADILLO. Flecha, 1967. 160 x 360 cm. Acrílico sobre lienzo.

MANUEL BARBADILLO. Flecha, 1967. 160 x 360 cm. Acrílico sobre lienzo.