Después de estar cuatro años trabajando a domicilio con enfermos de párkinson, lo único que puedo decir es que es una experiencia muy gratificante, no por el papel que desempeño con estos pacientes, sino por su fuerza de voluntad que, día tras día, muestran ante su sesión de fisioterapia. Nos abren sus casas con ilusión y esperanza porque eres uno más en su familia. Les entiendes, les comprendes y buscamos soluciones para superar sus limitaciones, ya que depositan toda su confianza en ti.

Es necesario este tipo de terapia ya que sus beneficios aumentan en aquellas personas que presentan dificultades. Nosotros, los fisioterapeutas, ayudamos a nuestros enfermos de párkinson a mejorar la movilidad, su independencia y, sobre todo, su integración en la vida social y familiar. Les ofrecemos nuestras manos para que se ayuden de ellas, les ofrecemos nuestra sabiduría para que se sientan más seguros y, lo mejor de todo, es la relación que estrechamos con estos pacientes. Hay veces que no se pueden mover de una silla porque se encuentran en “off” pero el simple echo de entrar por la puerta y verte, hablar con ellos, tranquilizarles, darles nuestro apoyo y decirles que no se preocupen, que estamos aquí, que no pasa nada, que no se angustien… les da fuerza para realizar su terapia y, lo más importante, tranquilidad  porque hay alguien que le entiende y no le va a obligar hacer nada que no pueda. Ellos saben de que después de su sesión de fisioterapia estarán mucho mejor.

  

Alejandra Hernández. Fisioterapeuta de la Asociación Parkinson Madrid.