Detrás de cada puerta hay un cuento que no siempre se escribe. Cuando entro en la casa realmente estoy entrando en sus vidas. Hacemos la terapia, pero siempre hay más. Está el Madrid que no he conocido, aquellas suelas de zapatos rotas y el chico del tranvía… Podrían ser historias anónimas que leí en una revista, pero estas tienen nombre y rostro. Entre respiración y movimiento de pierna, de brazo, y ese paseo levantando bien altos los pies, con la vista al frente, compartimos nuestro tiempo de semana en semana. Soy fisioterapeuta a domicilio. Soy oyente de historias. Ellos tienen en común el parkinson y la historia de mis días.
Carla N. C. Desde 2007 en la Asociación Párkinson Madrid.

