En mi opinión, el trabajo a domicilio con enfermos de párkinson ofrece una atención muy personalizada ya que da a conocer el entorno del paciente, cómo vive, cómo se lleva con su familia y permite resolver problemas cotidianos en el lugar exacto en el que se producen (el dormitorio, el baño, las escaleras…). La relación entre terapeuta y afectado es por ello mucho más estrecha y creo que eso influye positivamente en ambos, ya que, por una parte, el paciente confía más en la eficacia del tratamiento y, por otra, el fisioterapeuta conoce mejor las características de cada enfermo, pudiendo adaptar con mayor precisión la terapia. Yo con los pacientes de domicilio me siento como una persona importante para su vida diaria, a la que necesitan y echan en falta; en resumen, una persona que entiende su enfermedad como lo puede hacer un médico pero con mayor cercanía.
Julia López, fisioterapeuta de la Asociación Parkinson Madrid
