“Por eso vamos al polígono, para estar ahí, acompañarlas en sus dudas y preocupaciones. Para proporcionarles las herramientas necesarias para reducir los riesgos que entraña el ejercicio de la prostitución. Algo que sólo podemos hacer poniéndonos en su lugar. Para que no estén solas.”
Magnífico. Esta es la verdadera ayuda que una persona, al menos en la prostitución, necesita. No sentirse sola y desorientada. Amparada por algún tipo de servicio del que se pueda fiar y asesorar a cualquier hora y en cualquier momento, al alcance de la mano.
Te lo dice una ex prostituta y educadora social. Así son la cosas, como dices en uno de tus artículos, no somos cliches, y menos ahora. Le puede tocar a cualquiera, a una hermana, a una hija, a uno mismo.
Os mando una sonrisa muy grande y un abrazo muy fuerte, a ver si os da un poquito de calor que en invierno se pasa mal. Tendrían que inventar lencería invernal, jolines!! Y mucho optimismo, sobre todo.
Pd: acostumbrarse a la vida de prostituta no es calidad de vida. De momento, no lo es. Que lo dejen cuanto antes si pueden, porque aunque ganes mucho menos y trabajes todo el día, al menos recuperas la vida.
¡Gracias por contárnosla Martina!

