Charlo un rato con Liliana. Es una joven mujer transexual. Estamos en la unidad móvil, llena de mujeres. Se aparta un poco y, bajando la voz, me dice al oído que no quiere que la oiga nadie, pero que hace dos meses se le rompió el preservativo con un cliente y que está muy preocupada por si pudiera haber contraído el virus del VIH,  pero que no se ha hecho el test.

Le pregunto por qué no se lo ha hecho y no responde. Tiene miedo. Mucho miedo. Miedo a contraerlo y miedo al estigma que le acompaña. El terror a que le dé positivo está detrás de que retrase la prueba. En nuestras observaciones directas y en los talleres comprobamos que es frecuente este comportamiento. Pero hay otros. Otros que se expresan desde el fatalismo, como el de Andrea y su ausencia de miedo a contraer el VIH. A ella le da igual, puesto que “mi vida no vale la pena, ¿para qué hacerme el test?”

En Médicos del Mundo, ante la diversidad de estos y otros comportamientos, hemos ido variando las intervenciones basadas en la exclusiva información preventiva para dar mayor relevancia a los contextos individuales, a conocer los universos de sentido en los que arraigan las diferentes prácticas personales. Porque hemos constatado que Liliana, Andrea y muchas otras mujeres poseen un grado importante de información y conocimientos al respecto y, sin embargo…

Pensamos que las personas, para incorporar la información preventiva tienen que poder adaptarla a sus propias estrategias, según sus particulares circunstancias y momentos vitales concretos.

Consideramos imprescindible, también, que todos los agentes que intervienen en la prevención del VIH, muy particularmente el Sistema de Salud, tengan en cuenta en la promoción de la prueba, medidas integrales para la no discriminación de las personas cuando el resultado de la prueba sea positivo.

Elena Ron. Voluntaria de Médicos del Mundo