La significación del trabajo como uno de los referentes que identifica a las personas para darles reconocimiento social, es una de las más potentes. Sin embargo, la actividad de las mujeres que están en situación de prostitución no promueve el reconocimiento social, por lo que, en su caso, su actividad no les dota de ningún valor positivo.
Grupo de discusión de Médicos del Mundo
Reconocer socialmente significa dotar de reconocimiento institucional respecto al papel que desarrollan las personas. El que desempeñan las mujeres en situación de prostitución es de rechazo social.
Ellas lo saben y, sin embargo…
“Una lo hace por la familia… Una se mete por ellos, por ellos… Me tuve que tirar a la calle porque ni siquiera me alcanzaba… Si me alcanzaba para el piso y para la comida, ¿qué les mandaba para allá? … Entonces, para mí, esto no es un pecado, para mí la prostitución es comida… Porque una llega y si no tiene trabajo, ¿cómo duerme, cómo vive, adónde vas? … mientras no trabajes, allá con tu propio cuerpo una tiene que trabajar… y tienes que arriesgarte a toda clase de peligros, fuera te insultan, los hombres te dicen ‘tú tienes que hacer lo que yo te diga’ ”. Es la voz de una mujer latinoamericana.
“A mí no me gusta trabajar la calle y yo creo que no le gusta a nadie… las chicas no querer trabajar la calle… En mí país muy malas condiciones económicas, pero en mi país no trabajar en esto… No quiero trabajar la calle pero no tengo papeles”. Es el grito de una mujer subsahariana.
Las consecuencias de esta situación enfrentada, rechazo/necesidad, hacen que las mujeres realicen sus propios procesos de identificación y vivan en tensión permanente entre la realidad y sus creencias.
La radical necesidad de mantenerse ellas y a sus familias, como justificación a su actividad, hace que la interiorización del término prostitución al uso varíe para ellas y se mueva en la dirección de un trabajo como otro cualquiera, cuando no se puede realizar cualquier otro trabajo.
La carencia de reconocimiento social, de un lado, y el significado de rechazo del término, de otro, hace que tengan, en ocasiones, una consideración de sí mismas a través de una imagen en negativo “no somos pecadoras”, “no hacemos nada malo”.
A la vista de esta dramática realidad y de las valoraciones que estos días se hacen desde todos los medios de comunicación, ¿podemos dar entre todos y todas otra respuesta social distinta a las mujeres en situación de prostitución?, a aquellas ciudadanas que vienen “Maravilladas por el mundo, vamos a trabajar, vamos a esto, pero luego nos encontramos paradas en una esquina. Eso es algo que no es fácil… Todas, todas, tenemos como para escribir una historia”.
Son sus palabras en sendos Grupos de Discusión realizados por Médicos del Mundo con mujeres latinoamericanas y subsaharianas.

