Me gustaría contaros algunas cosas que llevo pensando hace tiempo acerca de la prostitución.

He leído muchas veces cosas a cerca de la prostitución escritas por personas que no sé hasta qué punto saben de este tema. Yo creo que estoy legitimada para poder hablar de ello pues ejerzo la prostitución desde hace algunos años.

Lo primero que me llama la atención es cómo se hacen grupos y divisiones sobre las personas que ejercemos prostitución. Creo que es un error generalizar en este tema, bueno y en todos los temas, ya que cada persona tiene una historia detrás y unos motivos por los que ha llegado ahí. Yo creo que lo que hay son situaciones diferentes y también, que cada persona lleva de un modo diferente el ejercicio de la prostitución, y por supuesto, todos son válidos. Creo que nadie somos quien para juzgar a nadie. Pero la gente lo hace.

Gracias a mi participación en los grupos de trabajo de Médicos del Mundo y al intercambio y al trabajo que hacemos en ellos entre todas nosotras, he conseguido verbalizar lo que estaba dentro de mí.

Ahora he comprendido que no soy una prostituta, ejerzo prostitución unas horas al día, pero soy una mujer, soy madre, soy hija, soy hermana, soy vecina, soy amiga, y por encima de todo, soy persona. Y he aprendido que el rechazo que sufrimos las mujeres que ejercemos prostitución es un problema de género porque la sociedad no trata de igual modo a los hombres que la ejercen a los gigolos.

Quiero decir también que el modo en el que muchos clientes nos tratan, con violencia y el rechazo que sufrimos de parte de la sociedad, nos hace daño y a veces, sentimos que nuestra autoestima baja porque te hacen sentirte mal; pero entre todas las personas del grupo nos hemos ayudado a sentirnos personas y mujeres.

Hemos llegado a la conclusión de que frente a algunos comportamientos de personas que nos juzgan negativamente y que nos rechazan, tenemos que decir ¡basta!. Tenemos que decirle a la sociedad que ante todo somos personas a respetar, porque cuando ejercemos la prostitución no dejamos de serlo.

No me ha sido fácil poder llegar a exteriorizar esto, lo tenía dentro pero no era capaz de sacarlo, porque la sociedad nos desprecia, nos insulta, nos pone malas caras, y eso hace mella en nosotras.

Por eso compañeras, para cambiar, quiero animaros a gritar como la protagonista de Tomates verdes fritos  ¡SOWANDA!