Hay mujeres que hablan en silencio. No pueden verbalizar lo que les ocurre. Pero sus miradas silenciosas nos hablan de su impotencia para frenar la multitud de agresiones que sufren a diario. De parte de la población, de sus parejas, de los clientes.

A veces, los nudos que las atenazan se rompen y acaba el silencio. Brotan las palabras. Un torrente de palabras de incomprensión hacia aquellas personas que las agreden de mil maneras, verbal y físicamente.

El silencio y la palabra nos trasladan a una extensa gama de agresiones de las que, en ocasiones, son víctimas. Las insultan. Las tiran piedras. Las roban. Las pegan. Las agreden con armas. Las explotan. Las trafican. Las tratan. Las maltratan.

Ser mujer y estar en situación de prostitución, en nuestra sociedad, entraña mucho maltrato. Por eso, en Médicos del Mundo trabajamos el tema la violencia y la inseguridad que sufren, desde un enfoque de género.

Trabajamos con las propias mujeres la violencia y la seguridad para que puedan verbalizarlas y protegerse frente a ellas. Y realizamos acciones para sensibilizar a la sociedad en general de las especiales condiciones de vida, de las difíciles circunstancias de las mujeres en situación de prostitución.

Como sociedad, como personas, no podemos consentir que ése sea el trato que reciben las mujeres en situación de prostitución. Nadie es acreedor de la violencia. Nadie se merece que le hagan daño. Sus derechos a la seguridad, a la libertad, a vivir libres de violencia, son inalienables.

Médicos del Mundo