Si, como dicen, la voz humana es el instrumento más bello del mundo, que ningún otro puede darte jamás ni la mitad de la emoción que proporciona una bella voz, yo diría que la palabra, algunas palabras, producen música “de la buena” al oírlas.

Algunas suenan tan bien como las que ayer oímos gritar desde lejos a Libertad: “¡Me marcho, es el último día que trabajo en la calle. Me voy!”.

Libertad es una mujer española, madre soltera de dos jóvenes varones, que vino a Madrid hace 15 años desde Extremadura. Sin pareja y sin familia, se hizo cargo de los dos hijos sola. Ha hecho de todo para sacarlos adelante, incluido el ejercicio de la prostitución. Nadie de su entorno, ni sus hijos, han sabido que ejercía la prostitución. Sólo su pareja actual, con la que tiene otro hijo pequeño. Ahora, con él, todos juntos, van a iniciar una nueva etapa. Se trasladan a la costa, donde han abierto un restaurante y sus hijos mayores iniciarán sendas carreras universitarias.

Antes de irse, nos dio las gracias por escucharla, se nos quedó mirando fijamente durante un buen rato y nos dijo mil cosas en silencio, sin decir una sola palabra. Habló de la soledad. Del tiempo pasado. Del miedo. De la lucha diaria. De la incertidumbre. De los malos momentos. Del futuro. De los proyectos cumplidos. De la felicidad. Del tiempo por venir.

…del tiempo que empieza cuando se dobla la esquina.

Elena de Ron, voluntaria de Médicos del Mundo.