Cada año cerca de tres millones de niñas y mujeres corren riesgo de ser víctimas de la ablación genital en el mundo. 140 millones de mujeres han sido mutiladas en el mundo. Son las cifras que recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS), con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero a la Mutilación Genital, celebrado este 6 de febrero.
La mayoría de estas mutilaciones, que se practican durante la infancia, conllevan graves riesgos para la salud y suponen una vulneración de los derechos fundamentales de quienes sufren esta lacra. En países africanos como Níger la ablación está prohibida, a pesar de lo cual no se ha conseguido erradicar. Pedro Ramos es enfermero cooperante de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEN). Recientemente ha estado en el país africano impartiendo un curso de salud sexual y reproductiva a cuarenta profesores colaboradores de la Escuela Nacional de Salud Pública de Niamey, en el marco de un proyecto llevado a cabo en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
La mutilación genital femenina fue uno de los temas abordador durante la formación. “Níger no es uno de los países de África donde se practica más la ablación, pero ellos conocen muy bien, porque en Burkina Faso y en otros países limítrofes se practica. Además Niamey es un lugar fronterizo y recibe mucha migración. Durante el curso, el diálogo ha sido difícil, porque legalmente está prohibida y ellas lo saben. Tienen muy claro que está prohibida, pero al mismo tiempo saben que culturalmente no ha dejado de practicarse y están en desacuerdo. La verdad es que se escandalizaban un poco, sobre todo en los casos de mutilación de tercer grado, la que es más agresiva y tiene unas consecuencias terribles para el embarazo y el parto. Sobre este problema se sentían muy solidarias y muy dispuestas a ponerle fin, a ponerle veto”, explica Pedro Ramos.
El enfermero de FUDEN, experto en salud sexual y reproductiva, considera que “en estos temas la cooperación es fundamental. Es lo que digo, un acto de solidaridad y de compañía y de darles unos argumentos que ellos no tienen. Gracias a este tipo de proyectos, se sienten acompañadas y reforzadas por todo. Es verdad que la situación no va a mejorar de un día para otro, pero las semillas están plantadas y siguen su crecimiento y en unos años pues podremos ver otra realidad. De hecho, están cambiando mucho las cosas. De percibirse la ablación como algo cultural a considerarse como algo que está terminantemente prohibido y que es punible y que bajo ningún concepto van a dejar pasar por alto. Ahí ya hay una diferencia muy considerable. Por ejemplo, las enfermeras están en una posición cada vez más avanzada, más clara, más segura cuando deben afrontar estos problemas”.
“Este tipo de iniciativas resultan muy transformadoras. Transforman la sociedad, mejoran la situación de la mujer y, por supuesto, la salud”, concluye Pedro Ramos, a modo de resumen de su experiencia en Níger.
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