Comunidad ruralSi hay algo que caracteriza a las áreas rurales del centro y este de Nicaragua, es la pobreza y la incomunicación, lo que da una sensación de estar en el fin del mundo, o al menos en una de sus zonas olvidadas.

Lo que cualquier viajero que se adentre en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), tanto en las montañas de densa vegetación con pocos caminos transitables, limítrofes hacia el oeste con el departamento de Jinotega, como en las llanuras de no menos densa vegetación (por algo es la parte del país con mayores índices pluviométricos), que descienden suavemente hasta el mar Caribe, lo que cualquiera, decimos, puede ver es un hermoso paisaje que encierra una dramática realidad.

La RAAN ocupa aproximadamente el 25% de la superficie de Nicaragua y sin embargo allí reside poco más del 2% de la población total. Esto nos da ya dos aproximaciones esenciales: la primera es que, por su peso poblacional, históricamente no ha sido una prioridad en la asignación de recursos públicos, siempre escasos en un país como éste, y naturalmente eso se refleja en la dotación de infraestructura, equipamiento y recursos humanos del Sistema Local de Atención Integral de la Salud (SILAIS), que gestiona los servicios de salud en su nivel departamental. La segunda aproximación es la baja densidad poblacional que en este caso más bien es un problema, porque presenta un hábitat enormemente disperso, lo que en consecuencia tensiona la cobertura sanitaria de amplios municipios y comunidades de la región.

Para dar un par de pinceladas más a este cuadro, diremos que la costa atlántica tiene una composición multiétnica, Miskitos y Sumos, mayoritarios que conviven con los mestizos, predominantes en el resto del país. A lo que se suma que la RAAN fue escenario de la guerra que enfrentó al Ejército Popular Sandinista con la “Contra”, en los años 80, lo cual desgarró a la población, humana y socialmente.

Ivo González
Oficina Regional para Centroamérica, en Nicaragua