Atención materna en Nicaragua“Cuando se presentan complicaciones de parto en lugares alejados, la suerte de ellas y sus hijos está echada”. Es la reflexión de Glenda Balladares, instructora de parteras rurales en Nicaragua. Si las tasas de mortalidad materna son altas por sí solas en lugares como la Región Autónoma del Atlántico Norte, sus índices se elevan de forma exponencial en las zonas más alejadas de los centros urbanos donde se encuentran los puestos de salud. Es la condena de vivir en pueblos aislados.

La pobreza, la falta de educación, la deficiente alimentación están directamente relacionadas con la mortalidad materna. Son factores que se agravan en el ámbito rural. Explica Glenda Balladares “en el campo no existe la costumbre de llevar a los centros hospitalarios a las embarazadas para que den a luz”.

Siuna es un municipio de la RAAN. Adayiba González es directora del Centro de Salud Carlos Centeno e ilustra las dificultades para reducir las tasas de mortalidad materna con el ejemplo de una adolescente de 17 años que falleció en su unidad sanitaria. “En ese caso no se pudo hacer nada, la atendió inicialmente una partera en su comunidad y la llevaron a la unidad de salud con el niño ya fallecido, la muerte de la madre fue por hemorragia”.

Son dos ejemplos de la discriminación en materia de salud que afecta a mujeres y neonatos, provocada por la posición socioeconómica, el género, el grupo de población al que pertenecen o el lugar de residencia. Disminuir la incidencia de estos factores es el objetivo del trabajo de las Brigadas Médicas Móviles en Nicaragua, llevando la atención sanitaria a las comunidades más vulnerables. Al respecto, reducir las desigualdades en materia de salud es esencial para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos.