Esto es un breve y dulce relato sobre los sentimientos de una chica que un buen día decidió hacerse voluntaria de Desarrollo y Asistencia en un grupo de niños con discapacidad, y comenzó a experimentar sensaciones preciosas, que ahora os voy a intentar transmitir abriendo mi corazón:
Todo comenzó hace un año y desde entonces no puedo dejar de pensar que esos chic@s son parte de mi vida, parte de mi. Cada uno tiene algo que le hace especial, ya sea por su mirada, por su sonrisa, su pillería, su ternura, su forma de explicarse la cual no tiene por qué ser con palabras…Y cada uno hace que me sienta especial. Os preguntaréis por que, como lo hacen…pues muy sencillo, porque algunos te hacen cómplice contándote sus sentimientos, ilusiones e incluso inquietudes que sabes que es muy posible que no cuenten a otras amistades o familiares…otros te hacen sentir especial con tan solo un tremendo abrazo, una enorme sonrisa al verte, o un tirón de mano para que no te separes de él un solo instante. Desde el primer sábado que les vi, he intentado fijarme en sus comportamientos, en sus gustos para saber que juegos les pueden gustar a cada uno para que puedan disfrutar al máximo de las salidas, les he escuchado y sobre todo les he dado mi cariño. Me encanta cuando estoy con uno de ellos y de repente oigo mi nombre gritado por otro niño, deseando que me gire para ver lo que está haciendo o para que vaya hacia él.
Espero que ahora podáis comprender que han robado un huequito especial en mi interior transmitiéndome una alegría inmensa sólo con pensar en ellos, y que no puedo evitar echarles de menos cuando les vienen a recoger y es hora de despedirnos…
Ahora, queda poco para el inicio del nuevo curso, y solo pienso en verles, en poder estirar los brazos para darles un buen abrazo y en que este año, estoy segura será mejor que el anterior!
Bss.
Marga