Bienvendi@ lector/a
Quiero relataros mi primer día como voluntario de DA en las salidas de ocio con los niños, de ello hace ya unos siete años… irrepetibles!
Bien para mi primera salida la coordinadora de mi grupo decidió que iría a recoger a Manuel (nombre inventado) junto con un compañero que ya formaba parte de Desarrollo y tenía experiencia. Como es lo habitual con el mensaje de confirmación de la salida nos llegaba la dirección del domicilio del niño y de la salida que íbamos a realizar.
Ese mensaje me llegó esa misma semana un lunes, el resto de la semana hasta el sábado lo dediqué a estudiarme muy bien y a conciencia como llegar a casa de Manuel, no quería perderme ni que por mi retraso, él llegara tarde a la salida, a las 10h era la cita.
Pues bien! decidido a que no pasará nada de eso! recuerdo que me levanté a las seis de la mañana, puesto que vivo fuera de Madrid, para llegar puntual, lo que no contaba es que llegaría al domicilio de Manuel con 2 horas de adelanto! jejejejeje Evidentemente, no iba a llamar al timbre de su casa! así que decidí tomármelo más tranquilamente e irme a desayunar a una cafetería cercana.
Mientras tomaba el café, empecé a darle vueltas a la cabeza: no conozco a mi compañero… ¿cómo le voy a reconocer? ¿y él a mi?
Así que di comienzo a la táctica de espionaje ”mirar por la ventana”, estuve las dos horas mirando a la calle observando a todos los coches que pasaban para ver si alguno era el de mi compañero, veía el portal de Manuel y a toda la gente que se acercaba a la puerta. Cuándo quedaban menos de 10 minutos para las 10 de la mañana decidí acabarme de una vez el café! jejeje y esperar en el portal a mi compañero.
Mi intranquilidad fue en aumento cuando pasaron las 10.10hrs de la mañana y no había aparecido nadie. Como no quería hacer esperar a Manuel y a su familia, decidí llamar al timbre y presentarme para ir conociéndonos mientras llegaba mi… esperado compañero. Cuál fue mi sorpresa cuando llamo al timbre, y voz pregunta “diga”, yo contesto y resulta que en esa casa no vivía ningún Manuel y que me habían dado mal la dirección!
Me llevé las manos a la cabeza y busqué el papel dónde me había apuntado el domicilio, la calle estaba bien.. pero el número… me había equivocado! Antes de tirarme de los pelos me paseé por la calle arriba y abajo, cuándo por fin! de un portal salía un chico ayudando a otro en silla de ruedas, yo, colorado de vergüenza, me acerqué y cuando estaba al lado dije… “Manuel?” los dos se giraron y dijeron “Daniel!”
Ahí empezó mi experiencia con Desarrollo y Asistencia, ahí supe que tanto los voluntarios como los niños que atendemos iban a llenar mi vida.
Por cierto, ésta anécdota es la primera vez que la cuento y no lo sabe nadie, así que… guardadme el secreto!
