Lo que es estresante para una persona no necesariamente tiene que serlo para otra.

En ocasiones, nos ponemos nerviosos por algo que está sucediendo o por algo que va a suceder, mientras que otros se mantienen tranquilos y espectantes, e incluso a veces entusiasmados frente a nuestro temor.

Esto es lo que estaba pensando José mientras hacía cola para montarse en la montaña rusa. A él nunca le han gustado estas atracciones, y se pone bastante nervioso (le tiemblan las piernas, empieza a sudar, e incluso le duele algo la tripa porque no respira bien) cuando sabe que tiene que subirse a una. Sin embargo su nieto (el que le ha insistido en ir a la feria y montarse…) disfruta anticipando las sensaciones que tan agradables le resultan, la sensación de vértigo, la velocidad, el aire en la cara…

Y del mismo modo, pensaba José, sucede con el momento de la Jubilación u otros tantos que ocurren en la vida (la marcha de los hijos de casa, cambios físicos, etc.), algunos lo viven con el miedo y angustia con la que él vivía los minutos previos a montarse en la atracción, y otros lo viven con el entusiasmo del que se enfrenta a una gran aventura.

La ansiedad o el estrés son emociones normales que tienen valor adaptativo. Actúan como sistemas de advertencia, alertando a la persona de posibles riesgos. El ejemplo más claro es el del león, si vemos un león frente a nosotros que viene a atacarnos, nuestro organismo se prepara para reaccionar ante este claro peligro.

El problema aparece cuando el miedo es injustificadamente excesivo, o no existe un riesgo real, que puede llegar a ser realmente dañino para la persona, provocando problemas cognitivos (miedo, temor, preocupación excesiva…), problemas conductuales (hiperactividad, inquietud, evitación…) o fisiológicos (palpitaciones, hiperventilación, problemas dermatológicos o estomacales,…).

Por ello, para evitar la ansiedad ante las nuevas situaciones, lo mejor es estar bien informado y preparados para ellas.

Para la jubilación, por ejemplo, informarnos y formarnos en todos los asuntos que puedan ser de nuestro interés en esta etapa de nuestra vida (cómo mantener un buen estado de salud, cómo administrar nuestra economía, cómo evitar el aislamiento social, cómo seguir siendo partícipes de nuestra sociedad siendo, por ejemplo, voluntarios…).

Cuidar nuestra alimentación (evitando alimentos estimulantes como el café o el chocolate) y hacer ejercicio físico, también pueden ayudarnos a afrontar estas situaciones con más energía. Aprender a relajarnos y a respirar bien, son también factores que garantizan nuestro bienestar.

Y en el caso de que sintamos que precisamos ayuda profesional, acudir a un especialista clínico, un psicólogo clínico, para aprender diversas técnicas de afrontamiento al  estrés que nos pueden resultar muy útiles; así como, acudir a nuestro médico de cabecera que valorará si necesitamos tomar temporalmente algún fármaco.

Pensar en el estrés y en la forma de abordarlo durante la jubilación, permitió a José relajarse durante un rato, y casi sin darse cuenta montarse en la Montaña Rusa, con un mínimo nivel de ansiedad, disfrutando de esta atracción como nunca antes lo había hecho.