Con nuestro consejo de hoy queremos orientar a recién “estrenados” cuidadores acerca de la que va a ser su nueva situación.

La experiencia de cada cuidador es única. Depende de el por qué se cuida, a quién, la relación previa, la causa y el grado de dependencia, las ayudas con las que se cuentan, etcétera.

No obstante, todos los cuidadores reúnen unas características comunes en su labor:

-         Proporcionar la ayuda necesaria para que la persona dependiente sienta cubiertas sus necesidades físicas, sociales y afectivas.

-         Dedicación importante en tiempo y energía.

-         Ejecución de tareas que pueden no ser cómodas ni agradables.

-         Suele darse más de lo que se recibe.

-         Generalmente no se está preparado de forma previa.

Las tareas más frecuentes entre los cuidadores de una persona dependiente conllevan prestar ayuda en las tareas del hogar, en los desplazamientos dentro y fuera del domicilio, en la higiene personal y en la administración de dinero y bienes. También conlleva la supervisión en la toma de medicamentos, colaboración en tareas de enfermería, ayuda en la comunicación con los demás, etcétera.

La experiencia de cuidar suele ser una mezcla de goces e ingratitudes. Goces porque descubriremos en nosotros facetas, aptitudes, talentos que desconocíamos; estrecharemos la relación y vínculos con la persona cuidada; y experimentaremos una gran sensación de utilidad. Ingratitudes porque en muchos casos nos sentiremos solos o absorbidos por la labor.

Pero lo que es seguro es que cuidar a una persona dependiente es una de las experiencias más dignas y merecedoras de reconocimiento por parte de la sociedad.

 

Fuente:  IMSERSO