Javi pensaba que su visita no iba a trascender en nada. Su abuela sólo tiene en mente que –tal y como hace cincuenta años– tiene que ir a recoger la aceituna y a cantar a la plaza a cambio de dos reales. El Alzheimer le ha robado su presente y su pasado más reciente. Pero la visita de Javi sí ha sido trascendental para Luisa.
- Abuela, ¿sabes quién soy?
- Pues perdóneme usted, pero ahora mismo no caigo.
- ¡Jajaja!
- ¡Ah! Eres Canito, el único que tiene la sonrisa de su abuelo.
Sí, para Luisa la visita de Javi ha sido no sólo un revulsivo para su memoria, sino que le ha hecho sentir feliz por un instante.
¿Y para Javi? No sólo no ha supuesto ningún esfuerzo, sino una satisfacción.
Y es que aunque no seamos los cuidadores formales de nuestros mayores, nuestra compañía es positiva para ellos. Momentos de lucidez, sentimientos de afecto… Nuestra compañía vale.
