Como cualquier persona, las personas mayores necesitan desarrollar actividades de ocio, independientemente del grado de dependencia que tengan. Si bien es cierto, a mayor grado de dependencia, mayor delimitación y restricción de las actividades de ocio, al menos, de forma autónoma.
La participación en actividades de ocio:
- Mejora el bienestar subjetivo.
- Aumenta el estado de ánimo.
- Incrementa la capacidad de afrontar los cambios producidos por el envejecimiento.
Los mayores, dependientes o no dependientes, suelen continuar con los patrones de ocio que llevaban en su vida adulta. O buscan otros que les resulten al menos familiares. Aunque hay excepciones –algunos se atreven a navegar por internet o a hacer pilates, por ejemplo–, el ocio de nuestros mayores se centra en actividades con familia, amigos y vecinos, sin prestar mucha atención a aquellas actividades que suponen una gran novedad.
Los hombres se decantan más por la compañía de los amigos, compartiendo juegos de mesa o disfrutando de su compañía mientras dan un paseo. El bricolaje o el jardín también suelen ocupar su tiempo.
Las mujeres suelen visitar a amigos y familiares, hacer ejercicio físico, realizar trabajos para la comunidad o la Iglesia, hacer trabajos manuales, etcétera.
Y es que todas estas actividades –sobre todo las que implican cierta actividad física– reportan grandes beneficios –tanto físicos como psíquicos– a los mayores que las practican.
Un estilo de vida sedentario acelera el proceso de envejecimiento. En cambio, la actividad aumenta la flexibilidad de las articulaciones, la fuerza muscular, la respuesta cardíaca y la actividad pulmonar. También favorece las funciones fisiológicas y frena el declive físico. De igual modo, la sensación de soledad, las depresiones… disminuyen de forma notable.
En definitiva, para vivir más y mejor: ¡diversión!
