Han pasado ya diez años desde la Firma de la paz y la gran mayoría de la población, tanto en el campo como en la ciudad, se dan cuenta de que con las medidas actuales la pobreza y la inseguridad han tendido a incrementarse, amenazando los recursos naturales que les son vitales para sobrevivir, concediendo megaproyectos que nada tienen que ver con su mundo cultural. Para la población q´eqchí, del departamento de El Petén esto es una amenaza permanente, en cuanto que la construcción de carreteras en medio de la reserva de la Biosfera Maya contrasta con la filosofía y formas de convivencia en la cultura Maya.
Oí decir una vez a un gran hombre ecuatoriano que ama su pais, que el no está en contra del progreso y del desarrollo, pero que cada uno haga por desarrollarse en su propia tierra y no en la del vecino; más aún si ese desarrollo genera una incomodidad, una inseguridad y un cambio de cultura y de vida involuntaria por parte de la población. Me pregunto quienes somos nosotros para imponerle a un pueblo de qué manera tiene que entrar en una sociedad civilizada. Me pregunto entonces que pasaría si de veras todos les escucharamos y dejaramos que nos pidieran ayuda en aquello que realmente necesitan.

