Una vez que se ha determinado que el recurso más adecuado para el enfermo es su asistencia a los talleres de estimulación, se realiza una valoración del mismo por parte de los diferentes miembros que componen el equipo interdisciplinar (trabajadora social, psicóloga y terapeuta ocupacional) con el fin de ver cuáles son las capacidades que el enfermo tiene preservadas para posteriormente, realizar el plan de intervención individualizado teniendo en cuenta sus antecedentes personales y el estado general actual.
Cuando el enfermo comienza a asistir a los talleres de estimulación, la terapeuta ocupacional juega un papel importante en la adaptación del enfermo a la sala de trabajo y a los compañeros con los que va a estar.
Los beneficios que se van a observar en el enfermo con su asistencia a dichos talleres son los siguientes:
- Mejora de la calidad de vida del enfermo.
- Mantenimiento de los hábitos del enfermo.
- Mantener la autonomía del enfermo durante el mayor tiempo posible.
- Aumento de la autoestima y la motivación del enfermo.
- Detección o retraso del proceso evolutivo de la enfermedad.
- Disminución de la ansiedad y el estrés que le supone encontrarse con el déficit
de sus capacidades.
- Evitar la aparición de conductas desadaptativas.
- El enfermo mantiene las relaciones sociales evitando así el aislamiento.
- El enfermo se siente útil, ve que es capaz de realizar cosas por sí mismo.
- Se siente querido por el trato recibido por las profesionales que trabajan con ellos.
