Soy enfermera de la Unidad de Paliativos domiciliarios de la provincia de Segovia y llevo poco tiempo en este trabajo, ya que mi experiencia profesional en el campo de los Cuidados Paliativos ha sido, hasta ahora, a nivel de hospitalización.
Así que con estas líneas me gustaría expresar de forma breve mi visión sobre lo diferente que resulta trabajar a uno u otro nivel.
En ocasiones, la hospitalización limita sin pretenderlo, la comunicación tanto con la familia como con los propios pacientes, lo que influye de forma directa en la relación que se establece.
Me explico: lo que a priori parece sencillo, como sería tener un rato para charlar y poder acompañarles en el afrontamiento de la situación, algo más allá que de lo meramente técnico, muchas veces se vuelve “un imposible” porque el factor tiempo, se quiera o no, marca las actuaciones de una planta hospitalaria. Y aunque suele decirse que “querer es poder”, la realidad diaria de una planta se encarga de mostrarte día a día que la mayoría de las veces no es así.
A nivel domiciliario es diferente, porque además de disiparse esa rigidez temporal, el ambiente familiar favorece, entre otras cosas, la cercanía y la expresión de emociones.
No pretendo con mis palabras establecer una comparativa “domicilio-hospital”. Nada más lejos. Únicamente intento transmitir que Y lo difícil que resulta a veces para una enfermera, tratar de compaginar lo técnico y lo humano.
