Les doy mil veces las gracias por la atención prestada a mi madre y a nosotros mismos. Sólo deseo que Dios, si existe de verdad, les dé salud para que sigan con esta gran misión. Y a las familias que están pasando por situaciones parecidas a la nuestra que piensen que el paciente quiere morir con la familia, en su entorno, no en el hospital entre cuatro paredes. Yo lo digo porque la cara que se le queda al que fallece es de felicidad, y a la familia que le acompaña también se le queda esa felicidad de ver que su ser querido se va feliz.
Han sido muchas las atenciones recibidas por todo el equipo de Cuidados Paliativos, y de manera especial, quiero también agradecer a la voluntaria que en varias ocasiones acompañó a mi madre. Simplemente el estar junto a ella en aquellos momentos (unos estaba más animada y charlaban, otras sólo la acompañaba mientras descansaba), nos ayudó mucho a todos. Su labor creo que es buenísima.
