Cuando los voluntarios de hospital suben a planta a visitar a los enfermos ingresados, tanto de oncología como de hematología, también visitan a los enfermos que están a cargo de la Unidad de Cuidados Paliativos (UCP). Estuvieron un tiempo viendo a un chico de más de 40 años que se encontraba en la 4ª planta, siempre acompañado por su familia, sus padres, hermanas, amigos…
Los voluntarios se pasaban a verlo, le daban conversación, le entretenían… en general, le hacían pasar un rato distinto, fuera de lo sanitario, pero no sólo a él, sino también a los que estaban a su alrededor.
Nuestra psicóloga era quien lo atendía.
Al pasar a la UCP, la psicóloga de la unidad se hizo cargo de sus familiares, para hacerles un seguimiento de duelo.
Una mañana, subieron los voluntarios a planta y no lo vieron. Pensaron: “se habrá ido de alta, tampoco estaba tan mal” Pero al preguntar yo a la supervisora, me dijo que esa noche había fallecido.
No volvimos a saber nada de ellos hasta 10 días después. La hermana vino al despacho del voluntariado en el hospital buscando a la psicóloga de la UCP, ya que nadie sabía decirle dónde estaba.
Al preguntarle por su familia se echó a llorar. Decía que buscaban a la psicóloga porque sus padres la necesitaban. Pero al empezar a hablar, no pudo parar de llorar. En realidad era ella quien más la necesitaba. Era ella quien más había estado con él, y no soportaba ver el sillón vacío en el salón de su casa. En ese momento, fue cuando me dio las gracias por cómo nos habíamos portado con su hermano, y que el agradecimiento lo hiciera extensivo a todos los voluntarios.
Los acompañé al despacho de la psicóloga.
Nos volvió a dar las gracias a toda la Asociación.
