Al personal de la Unidad de Cuidados Paliativos
aecc – Málaga
Quiero dirigirme a Uds. para expresarles, por escrito, parte de lo que mi corazón – archivo de mis sentimientos – ha ido acumulando a lo largo de este año que ya mismo se nos va.
Puedo asegurarles que la expresión que más se repite en mi corazón, en el de Amelia y de mis hijos, es “Agradecimientos”.
Gracias al apoyo de Uds. estoy logrando salir adelante en mi lucha contra el tipo de cáncer que me ha tocado enfrentar. Sé que no es del tipo más duro y difícil, pero para mí y para mi familia es el más terrible de todos, porque es el que me ha tocado en el reparto que Dios ha efectuado. Es mi cáncer personal y particular, y estoy familiarizándome con él.
Cuando mi esposa contactó con Uds. el túnel al que había entrado comenzó a hacerse más llevadero, comencé a ver mi vida con una mayor claridad y con más esperanzas. No era nada fácil ver que el futuro de mi vida no era nada esperanzador.
Desde mi cama, el lecho al que mi cáncer me había enviado y sin movimiento de piernas, tenía la oportunidad de divagar en múltiples ideas, cada cual más descabellada. Imaginar, por ejemplo, que al tirarse desde una azotea y durante los pocos segundos que dura la caída al vacío, los suicidas deben ir pensando algo así como: “de momento hasta aquí todo va bien”. Un sentimiento parecido venía a mi mente en esos días y en los momentos en que me veía muy enfermo, muy malito, postrado en cama, sin movimientos y con ese cáncer avanzando y yo diciendo “de momento hasta aquí todo va bien”, sin pensar para nada que estaría a pocos pasos de darme un estrellón y de que saldría mal parado,… mi familia y yo. Pero llegaron Uds., y con Uds., sus consejos, sus experiencias y sus sabias palabras. Fue desde entonces que adquirí e hice mío un sólo pensamiento luchar desde dentro con todas mis fuerzas para salir del atolladero y rogar a Dios que me diera esa energía que yo tanto necesitaba para dar la lucha por mi supervivencia. Con el correr del tiempo, la presencia de Uds. se hizo imprescindible y ahora, pasado ya lo peor, me doy cuenta de que es muy difícil recordar esos terribles momentos e intentar describir esas situaciones, llevarlas al papel y hacer que se puedan transmitir mis sensaciones de entonces. Difícil y complicado porque no puedo hoy ser fiel conmigo mismo y con mis sentimientos, por mucha ilusión que quiera ponerle.
Gracias a Uds. he logrado tomar conciencia de que no hay que morir con un cáncer, sino que hay que vivir con el cáncer.
Merced a Uds. comprendí que el tema a dominar es cómo vivir con esta enfermedad y estoy convencido de que es posible y que no es tan complicado si se sabe que no se debe ser débil en ningún momento y bajo ninguna circunstancia. Gracias a Uds. puedo ver que mi propio destino es el de una persona absolutamente normal. Hace casi un año veía ese destino con dolor y casi sin esperanzas. Sólo estaba aguardando mi turno, con toda tranquilidad y sin agobiarme. Pero la realidad estaba presente y Uds. me ayudaron a verla. Sólo era cuestión de aferrarse a ella… a esa realidad. Gracias a Uds. ahora sé que tengo por delante muchos domingos maravillosos en los que seré muy feliz junto a mi familia y les prometo contagiar mi felicidad a todos cuantos me rodean, porque he aprendido a amar de verdad la vida… mi vida. He aprendido a tragarme el dolor y el miedo, y estoy dispuesto a plantarle cara a todo lo que se me ponga por delante, con la mejor de mis sonrisas y, les aseguro que estoy en mi sano juicio.
Por todo lo anterior, junto con mi familia, quisiéramos darles las gracias.
