Antes que nada me gustaría dar las gracias por permitirnos este espacio para poder las gracias públicamente por la labor tan grande que hacen en la sede de la aecc de Vigo. Y como sé que soy una más de la cantidad de personas a las que ayudáis no es necesario que me identifique.
Hace meses, por suerte o por desgracia, no conocía la labor que realiza la Asociación Española Contra el Cáncer. Y me gustaría puntualizar que digo suerte, porque nunca había tenido que pasar por un trance tan difícil en mi vida como es que a mi marido le diagnosticaran un cáncer en fase terminal, y al mismo tiempo me hizo tener la suerte de conocer a una bellísima persona, una de las psicólogas que tenéis.
Cuando llegué a la Asociación tuve un gran recibimiento por parte de las personas que allí trabajan (y tengo que dar las gracias desde a la persona que me abrió la puerta, al trabajador social, a la psicóloga, y no quiero olvidarme de nadie). Desde que me recibieron me sentí querida y arropada por toda la gente que trabaja allí, ojalá quienes trabajan en los hospitales aprendieran un poquito de estas personas.
Al principio estaba muy perdida. No sabía cómo actuar con mi marido y cómo decírselo a mis hijos, y fuiste tú, Begoña, mi gran guía en todo el proceso. Gracias a ti aprendí a disfrutar de mi marido y de esta etapa tan dura que me ha tocado vivir. Supe cómo explicarles a mis hijos lo que estaba ocurriendo y nos fuiste preparando para el final. Siempre tan dispuesta a ayudar y a quedarte el tiempo que fuese necesario para hablar conmigo. Gracias, Begoña, porque han sido muchas las veces que sé que te has quedado después de tu hora de trabajo a ayudarme durante la enfermedad de tu marido, siempre sin prisas.
Muchas gracias a todos por vuestra labor y especialmente a ti, Begoña.
