Haber sido diagnosticado de cáncer significa tener que enfrentarse con el hecho de que somos seres vulnerables. Y haber tenido que aprender a convivir con la incertidumbre. Por eso puede ser una excelente oportunidad, a pesar de que para muchas personas haya sido una experiencia difícil, para practicar eso de “vivir el momento”. Muchos ya nos sabemos la teoría de que lo único que tenemos es el momento, el día de hoy. Y también sabemos lo fácilmente que postergamos los buenos momentos, o la facilidad con que nos abstraemos con las complicaciones que la vida o la enfermedad nos puede traer mañana o en el futuro. Por tanto, se trata de llevar a la práctica el “vivir el aquí y el ahora”, y de equilibrar cada día tareas u obligaciones con pequeños placeres o momentos para nosotros/as (o para compartirlos con las personas que más nos importan).
Contemplar la puesta de sol o la lluvia de estrellas, el rato de juego con nuestros hijos, el paseo con nuestra pareja o el rato de conversación con los amigos, son pequeñas cosas que probablemente podemos hacer hoy. Oportunidades que si no aprovechamos hoy nadie nos asegura que se volverán a presentar mañana. En esos momentos, por muy breves que sean, por muy presente que tengamos la enfermedad o las posibles limitaciones, podemos practicar el ser conscientes del momento que estamos viviendo, de cómo nos estamos sintiendo, y vivirlo lo más intensamente posible… En definitiva, aprender a sentirnos vivos hoy (y practicarlo cada día) es posible.
