El diagnóstico de cáncer, como cualquier otra situación que nos afecta física y emocionalmente, puede repercutir en nuestra sexualidad. La ansiedad y las preocupaciones, la medicación, los posibles cambios hormonales, el cansancio físico, pueden repercutir en nuestro nivel de deseo, en nuestra respuesta sexual, en nuestra sensibilidad… es algo normal Lo mejor es vivir lo que nos pasa sin dramatismos pero sin olvidarnos de esta faceta si antes era importante para nosotros.
La sexualidad está en todo el cuerpo. Por eso, no importa tanto en qué momento del proceso de la enfermedad estemos, o cuáles son las consecuencias que en nuestro caso ha tenido el cáncer. Si queremos, podemos dar pasos para mejorar nuestra sexualidad.
Por lo tanto, como la sexualidad no está localizada exclusivamente en una parte concreta del cuerpo, comenzar por el contacto físico y las caricias puede ser una buena forma de retomar la vida sexual. La sinceridad, la comunicación y la confianza con la otra persona nos van a ayudar. Olvidarnos de los y las modelos de las revistas también. No hace falta que tengamos un cuerpo perfecto para gustarle a nuestra pareja. Lo mejor, vivir la experiencia con naturalidad, como un juego, y tomárselo con calma, sin prisas. Porque en la sexualidad no hay una meta a la que llegar. El camino es lo importante.
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