Todos los ojos de la familia, incluidos los de la persona cuidadora, están puestos en la atención al mayor dependiente. Al mismo tiempo, silenciosa para quien no quiere escuchar, invisible para quien no quiere ver, la salud de persona cuidadora también reclama atención.
Mucha energía. Mucho ánimo. Mucha dedicación. Mucho amor. Mucho de casi todo necesita la persona cuidadora para afrontar la tarea de atender a un familiar dependiente. Y aunque todos estos condimentos suelen ser ilimitados, el límite suele ponerlo el estado de salud de la persona cuidadora, que empieza a deteriorarse como consecuencia de la tarea que desarrolla.
¿Cómo “leer” ese lento flaquear en la salud de la persona cuidadora? Los expertos disponen de escalas reconocidas internacionalmente que permiten medir si la tarea que desarrolla la persona cuidadora está suponiendo una sobrecarga física y emocional; por ejemplo, el Test de Zarit. Pero ciertamente no hay que ser experto para darse cuenta cuando eso sucede, porque los cuidadores suelen dejar muchas pistas.
Muchas de las señales son físicas. La persona cuidadora ya no tiene la misma energía, se siente cansada, y paralelamente se desatan o exacerban algunas conductas poco habituales en ella, como los problemas de memoria, la dificultad para concentrarse, el aumento o la disminución del apetito, y el incremento en el consumo de bebidas, tabaco y/o fármacos. Pero junto con el físico también flaquea el espíritu: las relaciones sociales se van desgastando y la persona cuidadora se aísla, perdiendo interés por actividades y personas que anteriormente lo tenían; enfados fáciles y sin motivos aparentes; cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo; irritabilidad; nerviosismo; sentimientos de tristeza y frustración, hasta de culpa.
La salud de la persona cuidadora reclama atención. ¿Y si los demás miramos por ella?


La sociedad solo disculpa a la persona cuidadora si se enferma para pedir ayuda para ella. Es como un circulo sin ninguna posibilidad a no ser que todos valoremos el esfuerzo de los cuidados en si mismo, como algo importante para la comunidad independientemente del parentesco.
Debemos prevenir más (evitando llegar a limites extremos de cansancio, desgaste, irritabilidad, ánimo …), autoayudarnos (participando en cursos, charlas y disfrutando de algunas horas de ocio y tiempo libre)y concienciar entre todos/as a la Sociedad de la necesidad y el reconocimiento para con las personas cuidadoras.
Muy buena pregunta ¿Y si los demás miramos por ella?, la contestación no es tan sencilla, en esta sociedad en la que miramos por nuestro propio bienestar, yo me preguntaría ¿quien se preocupa de alguien que no se queja y que si lo hace es preferible no darse cuenta?, no vaya a ser que nos toque a nosotros hacer lo que está haciendo ella. No solo es importante la carga fisica, y la carga psicologica, a veces la carga social derivada del cuidado es muy grande. Es en este último punto, donde está la educación, la prevención de conductas y pensamientos como “yo no lo haria tan bien como tu, por eso mejor hazlo tu”, con este comportamiento no solo acabamos con la fuerza fisica, tambien estamos desvalorizando la fortaleza psíquica de la persona que cuida y además estamos generando una serie de acontecimientos que hacen que este tipo de conductas se mantegan de generación en generación (la sociedad). Creo que la labor de asociaciones como ADEPS, que ayudan no solo a acabar con el problema sino que además educan y previenen a la sociedad para que esto no continue, es sin duda un premio para todos.
Afortunadamente, cada vez son más los trabajos que hacen referencia a la salud de las personas cuidadoras de los mayores. En muchas ocasiones, estas personas sacrifican sus vidas atendiendo a una persona mayor o enferma y su estado de salud a todos los niveles (no olvidemos el plano psicológico), se va deteriorando llegando al punto de que cuando se rompe la relación entre el cuidador y la persona dependiente, su estado de salud está tan deteriorado que pueden necesitar ayuda y llegar a una situación de dependencia. Por ello es fundamental que se tome conciencia de esta situación para que cuidar de una persona mayor se convierta en una tarea reconfortable que permita que la persona que cuida pueda desarrollar también otras parcelas de su vida. En este punto es fundamental la familia de la persona dependiente y las instituciones en caso de que no tenga familia. Afortunadamente, como decía al principio, cada vez somos más conscientes de esta situación lo que revertirá en estas personas, aunque todavía queda mucho por hacer. Sólo me queda decir una cosa, prevención, prevención, prevención.