“No me importa cuánto tiempo tenga que dedicarle ni las cosas que tenga que resignar. Lo único que me importa es que mi padre se sienta acompañado y bien atendido. Es mi forma de devolverle todo el cariño que me dio desde que me trajo a la vida”. Puede haber sido Juana, Concepción o Maribel, o cualquiera de las tres. ¿Se habrán preguntado qué significa ser una persona cuidadora?

Dispuestas a dar todo, las personas cuidadoras suelen reflexionar muy poco sobre los cambios que puede suponer en su vida el involucrarse en los cuidados y atenciones a un familiar dependiente. En la mayoría de los casos no hay demasiado tiempo para pensar, porque la necesidad repentina de atender a un familiar cuya estado de salud empeora rápidamente o sufre algún accidente requiere actuar de inmediato. Y si existe ese tiempo para reflexionar, lo primero que se piensa es que los cuidados hacia la persona querida no van a tener una duración demasiado larga o que las necesidades de esa persona pueden estar perfectamente cubiertas por nosotros.

Puede que a veces sea así, pero en la mayoría de los casos esos cuidados se prolongan en el tiempo más allá de lo previsto y el grado de dependencia aumenta, y con ello crecen el tipo de cuidados, el tiempo, la energía y el esfuerzo que requiere la atención. Por eso, el hecho de hacerse algunas preguntas puede ayudar a la persona cuidadora a afrontar esa tarea con un mayor grado de conciencia. ¿Qué habilidades prácticas necesito para atender a mi familiar? ¿Cuánto tiempo al día me demandará? ¿Quién me apoyará? ¿Seré capaz de soportar ver a mi familiar en ese estado de salud? ¿Cómo repercutirá en mi estado de ánimo y en mi salud? En resumen: ¿Qué significa ser una persona cuidadora?